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¿ARRUGAS? NO, GRACIAS

Actualizado: mar 26

Con el paso de los años nuestra piel pierde brillo, elasticidad y firmeza. Y es que a medida que pasa el tiempo, nos vamos exponiendo a una serie de agentes externos y a alteraciones físico-químicas internas que provocan su envejecimiento.


Podemos decir que la piel es a simple vista una estructura lisa, pero en realidad presenta una serie de pliegues y surcos que se irán potenciando si no la cuidamos adecuadamente.


Hay, por ejemplo, hendiduras presentes en las articulaciones (en codos, rodillas…) que se van volviendo prominentes y ásperas, poros u orificios que son el canal de salida de la glándula sudorípara y sebácea que van agrandándose y desequilibrándose , o las temidas arrugas provocadas por diversos factores que hacen que nuestra piel deje de mostrarse firme.


Podemos decir que la piel es a simple vista una estructura lisa, pero en realidad presenta una serie de pliegues y surcos que se irán potenciando si no la cuidamos adecuadamente.


A partir de los 25 años, el envejecimiento de la piel comienza a dar sus primeras señales, potenciándose aún más a partir de los 40. Es el momento en que nuestro organismo deja de proporcionarle a la piel las mismas cantidades de colágeno, elastina (responsable de la elasticidad) y glicosaminoglicanos (retentivos de la humedad).

El colágeno es una fibra proteínica que da firmeza a la piel, evitando que esta se vea más delgada y débil de lo debido, y por tanto, consiguiendo que no se “resquebraje” y aparezcan las antiestéticas arrugas.

Esta proteína es segregada por unas células del tejido conjuntivo llamadas fibroplastos, pero con la edad y la lentitud de los procesos metabólicos propia de los años, se produce una reducción de la producción hormonal que ocasiona la pérdida de este elemento y la aparición de flacidez en los tejidos.

Además, habría que tener en cuenta a enemigos cercanos que afectan negativamente a nuestra piel. El estrés, el ejercicio físico exagerado, la contaminación exterior, el sol o el tabaco son algunas de las cosas que aceleran el proceso.

Aparte, una mala alimentación (sobretodo a base de azúcares simples) o malos hábitos de vida provocan las desnutrición de nuestra piel, volviéndola vulnerable y exponiéndola sin protección a un sin fin de toxinas.


Para controlar estas pérdidas y ayudar en la medida de lo posible a nuestra piel, debemos protegerla de los radicales libres con antioxidantes, ya sea con los alimentos que ingerimos o aplicándonos cremas que los contengan. Es necesario que nuestro organismo cuente con los nutrientes necesarios para continuar segregando aquellas sustancias que vienen bien a nuestra piel, por lo que debemos comer sano y hacer uso de complejos vitamínicos en caso de que nuestro cuerpo lo requiera (consultarlo previamente con un médico). Además, el no llevar una vida sedentaria o el ayudarnos de aparatología estética que mejore la circulación sanguínea contribuirá a que esos aportes nutritivos lleguen adecuadamente a los órganos encargados de sintetizarlos, y estimulará así una producción hormonal natural que beneficiará el mantenimiento de una piel sana, luminosa y firme.


Por supuesto, también podemos ayudarnos de cosmética específica que cuenta con un determinado tanto por ciento de colágeno, o podemos tomarlo directamente via oral, en forma de polvos, pastillas o líquidos, en concentraciones de diferentes clases. Una gran ventaja del colágeno es su total compatibilidad con las células cutáneas y su asimilación por todo tipo de pieles, incluso las más sensibles. Cuánto más puro sea y más calidad tenga el producto en cuestión, mucho mayor será la regeneración de los tejidos. En el mercado y la industria cosmética existen infinidad de ellos apropiados para cada tipo de piel específico.

Los tratamientos dermatológicos son indispensables para combatir el proceso inexorable de la edad y retrasar sus efectos sobre la piel. La finalidad principal es renovar los tejidos conjuntivos, reforzando la capacidad de hidratación y retención de agua en el interior de las células, lo cual proporciona un buen estado a la epidermis.


En clínica Titanium, ponemos a su disposición una variada carta de tratamientos en los que podemos encontrar:

Para activar el colágeno a través de aparatología avanzada, en la actualidad contamos con distintas técnicas, algunas más agresivas que otras, entre ellas el láser (Alma Lasers), cuya energía se traduce en calor en las capas medias de la piel, ayudando a la regeneración de las fibras de colágeno y eliminando las capas más superficiales de esta, al tiempo que deja una ligera lesión que, en teoría, el colágeno debe

reparar.



La mesoterapia, aportando nutrientes a nivel interno de la dermis, activando las células de la piel, y provocando la migración de los fibroblastos para que produzcan el colágeno.

Igualmente, podemos recurrir a peelings más o menos potentes, que actúan sobre las capas de la piel, eliminándolas y haciendo que la propia piel se active reparándose así misma y produciendo colágeno. Hablamos de tratamientos con dermoabrasión, peelings u químicos, etc..


Finalmente no podemos dejarnos algunos de los tratamientos estrella, aquellos que cuentan con los mejores resultados alcanzados hasta el momento: la radiofrecuencia (ACCENT ALMA LASERS) y los complejos con vitamina C.

La radiofrecuencia es una técnica basada en radiaciones electromagnéticas que actúan a un nivel más profundo de la dermis, ocasionando un calentamiento que provocará la activación celular de producción de colágeno, ayudando a sustituir las células más envejecidas y estimulando la producción de otras nuevas, sin ocasionar lesión alguna.


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